lunes, 13 de diciembre de 2010
sábado, 11 de diciembre de 2010
Este Martes catorce (14) a la nueve (9) de la mañana, será celebrada la audiencia sobre recurso de amparo que demanda el Regidor Wanchy Medina

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NOTA DE PRENSA
REGIDOR DE LA ROMANA INTERPONE RECURSO DE AMPARO
El regidor por el Partido de la Liberación Dominicana PLD por la Romana, Wanchy Medina interpuso un recurso de amparo al ayuntamiento de la Romana que dirige el alcalde Juan Antonio Adames Bautista por negarse a entregar documentos que servirán para el natural ejercicio de las funciones del Regidor.
Por este recurso fueron citados las partes para este martes catorce (14) a las nueve (9) de la mañana, donde será celebrada la audiencia sobre el recurso de amparo interpuesto por Medina.
Medina, manifestó que ha tomado vía de acción porque la ley así le da derecho para ponerla en práctica ante la negativa del alcalde de entregarlos documentos solicitados por él, Dichos documentos consisten en: Copias certificada de la Nómina de el referido Ayuntamiento de los meses Agosto, Septiembre y Octubre del año 2010; así como también Copia del Presupuesto del año 2010.
El Regidor dijo además que solo ha tomado este recurso de protección al ciudadano, para ejercer su derecho según lo establece la Constitución de la República Dominicana, proclamada el 26 de enero del 2010, especialmente en las disposiciones de sus Artículos 3, 7, Y 49 y el Art. 25, Numeral “1)”, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, suscrita en San José de Costa Rica, en fecha 22 de noviembre de 1969, que reza textualmente de la manera siguiente: “Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare contra actos que violen sus Derechos Fundamentales reconocidos por la Constitución, la ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales”.
El tribunal que celebrará dicha audiencia es LA CAMARA CIVIL Y COMERCIAL DEL JUZGADO DE PRIMERA INSTANCIA DEL DISTRITO JUDICIAL DE LA ROMANA. Es la primera vez que en la ciudad de la Romana se apodera a un tribunal para que decida sobre acción de amparo en materia de la ley de Acceso a Información Pública (Ley 200-04).
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domingo, 5 de diciembre de 2010
LAS RAÍCES EUROPEAS DEL RADICALISMO ISLÁMICO

Frente a lo que se cree, los jóvenes autores de los atentados islamistas que convulsionan Europa se vuelcan en una interpretación extrema del Corán, muy alejada de la religión tradicional de sus padres, que no es sino una expresión patológica de la occidentalización y de la crisis de la cultura musulmana tras su contacto con el Viejo Continente.
El enemigo en casa: dos mujeres presencian los trabajos policiales tras los atentados de Londres en Beeston, al sur de Leeds (norte de Inglaterra), el 16 de julio de 2005.
A los británicos les ha sorprendido comprobar que los terroristas autores de los atentados de Londres eran británicos de origen musulmán, bastante bien integrados. Se ha dicho que era un fenómeno nuevo. Pero no tiene nada de nuevo. Es evidente, desde hace años, que los terroristas islámicos que actúan a escala internacional (es decir, no los que se mantienen en un contexto nacional, como los saudíes, los iraquíes o los marroquíes, que actúan en su propio país) son producto de la globalización y la occidentalización del islam. Estamos más ante un proceso de radicalización interna de Europa que ante la importación europea de conflictos de Oriente Medio.
El enemigo en casa: dos mujeres presencian los trabajos policiales tras los atentados de Londres en Beeston, al sur de Leeds (norte de Inglaterra), el 16 de julio de 2005.
A los británicos les ha sorprendido comprobar que los terroristas autores de los atentados de Londres eran británicos de origen musulmán, bastante bien integrados. Se ha dicho que era un fenómeno nuevo. Pero no tiene nada de nuevo. Es evidente, desde hace años, que los terroristas islámicos que actúan a escala internacional (es decir, no los que se mantienen en un contexto nacional, como los saudíes, los iraquíes o los marroquíes, que actúan en su propio país) son producto de la globalización y la occidentalización del islam. Estamos más ante un proceso de radicalización interna de Europa que ante la importación europea de conflictos de Oriente Medio.
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Resumamos las características de estos terroristas. Tienen una trayectoria occidentalizada: o son inmigrantes de segunda generación o llegaron jóvenes, como estudiantes, comerciantes o refugiados políticos. Están integrados, con frecuencia poseen la nacionalidad de un país europeo y, a veces, están casados con una europea. Hablan con soltura la lengua del Estado en el que viven. Pero, sobre todo, se radicalizan religiosa y políticamente en ese territorio de acogida. Son renacidos, según el modelo protestante estadounidense de los born-again: pocos proceden de una familia piadosa, y su vida es normal (con alcohol y mujeres) hasta que un día, de pronto, se acercan de nuevo a la religión, pero no al islam tradicional de sus padres, sino a formas muy fundamentalistas, como el llamado salafismo. Esta variante es la que atrae hoy a numerosos jóvenes de la segunda generación y a conversos. La presencia de estos últimos en las redes de Al Qaeda es un fenómeno muy extendido y minusvalorado por los observadores, porque demuestra que no es Oriente Medio lo que impulsa esta transformación, sino el atractivo del radicalismo religioso.
El acercamiento a la fe y la conversión al islam suelen realizarse dentro de un grupo de amigos, en un barrio generalmente habitado por inmigrantes, un campus universitario o incluso la cárcel. A pesar de lo que se cree, los jóvenes no se vuelven fanáticos en las mezquitas en las que predican los imames extremistas ni tampoco en las madrazas (escuelas religiosas) de Pakistán. Primero, se radicalizan y luego buscan un sitio en el que encontrar a personas que compartan sus ideas. En una palabra, la radicalización religiosa va unida a la búsqueda de la acción violenta, y el primer paso es la radicalización política.
Esta realidad contradice la visión habitual en Europa y plantea varios problemas. Aunque el paso al terrorismo sea un fenómeno muy minoritario (varios centenares de posibles terroristas y unos miles de voluntarios que participan en la yihad en todo el mundo), es un síntoma patológico de las mutaciones que experimenta la población musulmana en Europa. Por consiguiente, es preciso examinar las connotaciones políticas de esos cambios.
Profesión de fe: jóvenes musulmanes británicos de origen bangladesí rezan la oración del viernes en el este de Londres en 2005.
El primer problema es la falta de análisis pertinentes en Europa. Sigue viéndose el extremismo islámico como consecuencia de la importación de las culturas y los conflictos de Oriente Medio. Hasta tal punto que no existen respuestas apropiadas ni en el plano social y cultural ni en el de la seguridad. Se piensa en función de la diáspora y el multiculturalismo, pero ése es un punto de vista anticuado. Por ejemplo, en cuestión de seguridad, las autoridades consideran que hay redes nacionales, es decir, militantes vinculados a sus países de origen, que actúan en Europa de acuerdo con determinadas estrategias políticas.
Resumamos las características de estos terroristas. Tienen una trayectoria occidentalizada: o son inmigrantes de segunda generación o llegaron jóvenes, como estudiantes, comerciantes o refugiados políticos. Están integrados, con frecuencia poseen la nacionalidad de un país europeo y, a veces, están casados con una europea. Hablan con soltura la lengua del Estado en el que viven. Pero, sobre todo, se radicalizan religiosa y políticamente en ese territorio de acogida. Son renacidos, según el modelo protestante estadounidense de los born-again: pocos proceden de una familia piadosa, y su vida es normal (con alcohol y mujeres) hasta que un día, de pronto, se acercan de nuevo a la religión, pero no al islam tradicional de sus padres, sino a formas muy fundamentalistas, como el llamado salafismo. Esta variante es la que atrae hoy a numerosos jóvenes de la segunda generación y a conversos. La presencia de estos últimos en las redes de Al Qaeda es un fenómeno muy extendido y minusvalorado por los observadores, porque demuestra que no es Oriente Medio lo que impulsa esta transformación, sino el atractivo del radicalismo religioso.
El acercamiento a la fe y la conversión al islam suelen realizarse dentro de un grupo de amigos, en un barrio generalmente habitado por inmigrantes, un campus universitario o incluso la cárcel. A pesar de lo que se cree, los jóvenes no se vuelven fanáticos en las mezquitas en las que predican los imames extremistas ni tampoco en las madrazas (escuelas religiosas) de Pakistán. Primero, se radicalizan y luego buscan un sitio en el que encontrar a personas que compartan sus ideas. En una palabra, la radicalización religiosa va unida a la búsqueda de la acción violenta, y el primer paso es la radicalización política.
Esta realidad contradice la visión habitual en Europa y plantea varios problemas. Aunque el paso al terrorismo sea un fenómeno muy minoritario (varios centenares de posibles terroristas y unos miles de voluntarios que participan en la yihad en todo el mundo), es un síntoma patológico de las mutaciones que experimenta la población musulmana en Europa. Por consiguiente, es preciso examinar las connotaciones políticas de esos cambios.
Profesión de fe: jóvenes musulmanes británicos de origen bangladesí rezan la oración del viernes en el este de Londres en 2005.
El primer problema es la falta de análisis pertinentes en Europa. Sigue viéndose el extremismo islámico como consecuencia de la importación de las culturas y los conflictos de Oriente Medio. Hasta tal punto que no existen respuestas apropiadas ni en el plano social y cultural ni en el de la seguridad. Se piensa en función de la diáspora y el multiculturalismo, pero ése es un punto de vista anticuado. Por ejemplo, en cuestión de seguridad, las autoridades consideran que hay redes nacionales, es decir, militantes vinculados a sus países de origen, que actúan en Europa de acuerdo con determinadas estrategias políticas.
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En Francia, a principios de los 90, se hablaba de la “trama argelina”; en los últimos tiempos, en España, se menciona la “trama marroquí”, y en el Reino Unido, la “trama paquistaní”. Sin embargo, si se examina la situación con detalle, se ve que los militantes tienen las mismas características y no actúan en función de objetivos marroquíes, paquistaníes ni argelinos. El responsable de los atentados de Madrid, el marroquí Yunis Mohamed Ibrahim Al-Hayari, murió el 3 de julio de 2005 en Riad mientras luchaba junto a grupos radicales saudíes (incluso se dijo que era el jefe de la rama local de Al Qaeda). Si hay más marroquíes implicados en España y más paquistaníes en el Reino Unido es, sencillamente, por el distinto origen de la inmigración en cada uno de esos países, no por una estrategia específica. Por otro lado, Al Qaeda no es una organización centralizada, estructurada y dirigida desde Pakistán: algunos grupos que actúan en su nombre son, en realidad, franquicias que utilizan el concepto y la marca, pero que se han radicalizado y organizado de forma local en Europa u otros lugares. El papel de Internet en la movilización y organización demuestra que nos encontramos ya ante un fenómeno de alcance desterritorializado, no de ámbito regional.
CRISIS DE IDENTIDAD
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CRISIS DE IDENTIDAD
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También se menciona el papel teórico de los conflictos en Irak, Afganistán o Palestina, pero ninguno de los terroristas es iraquí, afgano ni palestino de origen. ¿Qué pensar, por ejemplo, de los autores del atentado fallido del 22 de julio en Londres, entre los que había un etíope que se hacía pasar por somalí? El discurso contra la guerra da a Al Qaeda la capacidad de legitimar sus acciones. Mohamed Buyeri, el asesino de Theo Van Gogh en Holanda, no ha mencionado prácticamente nunca a Oriente Medio como justificación de sus actos, sino que insiste en hablar de blasfemias y la defensa del islam en general, en un entorno occidental que considera hostil porque la religión ha perdido su arraigo social y su presencia cultural y, por tanto, parece frágil y amenazada: la violencia –que no es la expresión de una identidad de origen– nace precisamente de una crisis de dicha identidad. Además, en casi todas las redes de Al Qaeda hay conversos (como Germaine Lindsay, en Londres) sin ningún lazo identitario asociado a Oriente Medio y que adoptan las causas de liberación nacional (Irak, Palestina) de la misma forma que lo hacía la extrema izquierda europea con Vietnam en los 60 y 70: una lucha por “la defensa de los pueblos oprimidos”, “contra el imperialismo” y por “la revolución”, pero carente de una estrategia concreta. Hoy se hace la yihad por la yihad, como en otro tiempo se hizo la revolución por la revolución.
Son ‘renacidos’, según el modelo protestante estadounidense de los ‘born-again’: llevan una vida ‘normal’ y pocos proceden de familia piadosa
Por último, el islam que reivindican los radicales, el salafismo, se opone de forma explícita a todas las culturas nacionales, incluidas las musulmanas, y defiende un credo depurado de toda influencia cultural y particularismo local. De ahí su posible atractivo entre jóvenes culturalmente desarraigados, como los musulmanes europeos de segunda generación. Efectivamente, el salafismo presenta ese desarraigo, no como una pérdida, sino como la oportunidad de reencontrar un islam puro, universal y verdaderamente internacionalista. Por contra, basta destacar que la población turca en Europa, que mantiene lazos muy estrechos con Ankara (por el uso de la lengua, la televisión y las asociaciones), no participa en el terrorismo, lo cual demuestra que, cuanto más fuerte sea el vínculo con el lugar de procedencia, menos radical es la religión que se practica.
El problema deriva, pues, de abordar el islam en Europa en términos de diásporas. El radicalismo es una consecuencia patológica (y minoritaria) de la occidentalización, y no la expresión de la importación en Europa de culturas y conflictos procedentes de Oriente Medio. No es el diálogo con las autoridades del país natal de los inmigrantes lo que va a permitir, salvo en casos concretos, intentar hallar soluciones. Igual que el concepto de “diálogo de civilizaciones” no tiene en cuenta que no nos encontramos ante dos civilizaciones diferentes sino ante una crisis de la civilización, una crisis de la relación con la cultura. Cuando una religión, sea cual sea, se reconstruye al margen de la cultura, desemboca forzosamente en formas de radicalismo.
Una consecuencia de este análisis es que el multiculturalismo no tiene razón de ser. La cuestión no es si ha fracasado: de todas formas, sólo tiene sentido si existen culturas bien diferenciadas que permitan crear la base de un vínculo comunitario, y es precisamente ese vínculo lo que se distiende. Los radicales no son la vanguardia violenta de una comunidad islámica en Europa: son marginados. Nunca se han integrado políticamente ni han militado en serio en movimientos políticos, musulmanes o no; en concreto, ninguno ha pasado por los grupos asociados a los Hermanos Musulmanes y, en cambio, muchos han pertenecido brevemente a una organización fundamentalista apolítica, Jamaat ut Tabligh, que propugna –al contrario que aquéllos– una especie de separatismo cultural por el que los musulmanes vivirían aparte del resto de la sociedad occidental. La solución, consistente en llamar a los líderes comunitarios a que se opongan al terrorismo, no sirve de nada, porque es el propio concepto de comunidad social y cultural el que está en crisis.
Velado fracaso: una joven musulmana francesa protesta cerca de la Asamblea Nacional contra la ley del velo en las escuelas en abril de 2004.
En realidad, los únicos que viven verdaderamente la diáspora, es decir, los que viven en función de su país de origen, son los auténticos refugiados políticos (como los Hermanos Musulmanes de Oriente Medio y los miembros del FIS argelino o de la Nahda tunecina), que se rigen por una estrategia que busca el cambio de régimen en los Estados de los que proceden, aceptan la democratización y buscan apoyos en Occidente. El problema no lo causan ellos, sino los desarraigados.
Así pues, hay que abandonar el ángulo del multiculturalismo, no porque produzca efectos negativos (el radicalismo surge independientemente de cuál sea la política oficial, multiculturalista en el Reino Unido o los Países Bajos, asimilacionista en Francia), sino simplemente porque la propia evolución de las sociedades occidentales lo ha superado.
La segunda consecuencia es que la cuestión fundamental no es ya la inmigración (que está ahí), sino la reconstrucción del islam (o, mejor dicho, varios islam) en un contexto de occidentalización y desarraigo cultural. En la práctica, los dos modelos de gestión que han dominado Europa con respecto a la cuestión de la inmigración durante los últimos 30 años están en crisis: el modelo multiculturalista de los países del Norte, porque está basado en la idea de la perennidad de las culturas –cuando lo cierto es que están en situación crítica–, y el modelo francés, porque, hasta hace poco, ha pretendido ignorar la permanencia e incluso el fortalecimiento de la identidad religiosa. Y lo cierto es que la nueva generación se caracteriza por la búsqueda de esa identidad.
Cuanto más crítica es la situación de la cultura, más se reafirma la religión. Es preciso alejarse del concepto de choque de culturas de Huntington, porque parte de la adecuación entre religión y cultura, y eso es lo que ya no funciona. Hay que abordar esta disociación de la cultura y lo religioso y favorecer la aparición de un islam europeo. Ahora bien, aquí nos encontramos con un gran malentendido: para la opinión pública europea, un islam europeo quiere decir un islam liberal, feminista y abierto. Por supuesto que existe, y es el que propugnan algunos pensadores reformistas, pero no es precisamente el que buscan los renacidos ni los conversos. El despliegue del islam en Europa sigue las mismas líneas que el cristianismo, y eso, en este momento, no quiere decir la modernización teológica, sino la reformulación de los preceptos religiosos en función de valores conservadores (la vida, la familia, la moral...). En este sentido, los musulmanes coinciden muchas veces con una Iglesia católica que, sin embargo, rechaza su presencia en nombre de la identidad cristiana de Europa. Entre ellos existen todas las formas de islam posibles –liberal, conservador, reformado–, pero la tendencia dominante es el conservadurismo moderado.
La idea de que el islam europeo sea un islam ‘liberal’ tiene tan poco sentido como decir que el cristianismo europeo es, por definición, liberal
La idea de que el islam europeo sea liberal tiene tan poco sentido como decir que el cristianismo europeo es, por definición, liberal. La rigidez de la Iglesia católica sobre los aspectos del dogma y los valores morales, así como el carácter reaccionario de los movimientos carismáticos protestantes en lo político y lo social, demuestran que el liberalismo no es una característica inalienable de la europeización. En realidad, las autoridades políticas no deben intervenir en el ámbito teológico (eso supondría el fin de la separación entre Iglesia y Estado), sino favorecer la autonomía religiosa del islam europeo respecto a las culturas de los países de origen. Sus contactos deben producirse con las demás religiones presentes en Europa, más que con los países de Oriente Medio.
En vez de negociar con las autoridades egipcias o paquistaníes sobre el papel de las madrazas o la formación de los imames, hay que fomentar la creación de lugares adecuados en Europa. Trabajar para que el islam sea una religión europea no consiste en discutir sobre los dogmas, sino en promover su autonomía y su integración como simple religión (y no como cultura) en una Europa que no sea multicultural, sino sencillamente diversificada.
La inmigración ha producido desarraigados y rebeldes en busca de una causa. Pero también ha fabricado clases medias, intelectuales y profesionales que sólo pretenden poder vivir como musulmanes y europeos: a ellos es a quien hay que dirigirse, más allá de las consideraciones estratégicas y de seguridad, porque encarnan el futuro.
Son ‘renacidos’, según el modelo protestante estadounidense de los ‘born-again’: llevan una vida ‘normal’ y pocos proceden de familia piadosa
Por último, el islam que reivindican los radicales, el salafismo, se opone de forma explícita a todas las culturas nacionales, incluidas las musulmanas, y defiende un credo depurado de toda influencia cultural y particularismo local. De ahí su posible atractivo entre jóvenes culturalmente desarraigados, como los musulmanes europeos de segunda generación. Efectivamente, el salafismo presenta ese desarraigo, no como una pérdida, sino como la oportunidad de reencontrar un islam puro, universal y verdaderamente internacionalista. Por contra, basta destacar que la población turca en Europa, que mantiene lazos muy estrechos con Ankara (por el uso de la lengua, la televisión y las asociaciones), no participa en el terrorismo, lo cual demuestra que, cuanto más fuerte sea el vínculo con el lugar de procedencia, menos radical es la religión que se practica.
El problema deriva, pues, de abordar el islam en Europa en términos de diásporas. El radicalismo es una consecuencia patológica (y minoritaria) de la occidentalización, y no la expresión de la importación en Europa de culturas y conflictos procedentes de Oriente Medio. No es el diálogo con las autoridades del país natal de los inmigrantes lo que va a permitir, salvo en casos concretos, intentar hallar soluciones. Igual que el concepto de “diálogo de civilizaciones” no tiene en cuenta que no nos encontramos ante dos civilizaciones diferentes sino ante una crisis de la civilización, una crisis de la relación con la cultura. Cuando una religión, sea cual sea, se reconstruye al margen de la cultura, desemboca forzosamente en formas de radicalismo.
Una consecuencia de este análisis es que el multiculturalismo no tiene razón de ser. La cuestión no es si ha fracasado: de todas formas, sólo tiene sentido si existen culturas bien diferenciadas que permitan crear la base de un vínculo comunitario, y es precisamente ese vínculo lo que se distiende. Los radicales no son la vanguardia violenta de una comunidad islámica en Europa: son marginados. Nunca se han integrado políticamente ni han militado en serio en movimientos políticos, musulmanes o no; en concreto, ninguno ha pasado por los grupos asociados a los Hermanos Musulmanes y, en cambio, muchos han pertenecido brevemente a una organización fundamentalista apolítica, Jamaat ut Tabligh, que propugna –al contrario que aquéllos– una especie de separatismo cultural por el que los musulmanes vivirían aparte del resto de la sociedad occidental. La solución, consistente en llamar a los líderes comunitarios a que se opongan al terrorismo, no sirve de nada, porque es el propio concepto de comunidad social y cultural el que está en crisis.
Velado fracaso: una joven musulmana francesa protesta cerca de la Asamblea Nacional contra la ley del velo en las escuelas en abril de 2004.
En realidad, los únicos que viven verdaderamente la diáspora, es decir, los que viven en función de su país de origen, son los auténticos refugiados políticos (como los Hermanos Musulmanes de Oriente Medio y los miembros del FIS argelino o de la Nahda tunecina), que se rigen por una estrategia que busca el cambio de régimen en los Estados de los que proceden, aceptan la democratización y buscan apoyos en Occidente. El problema no lo causan ellos, sino los desarraigados.
Así pues, hay que abandonar el ángulo del multiculturalismo, no porque produzca efectos negativos (el radicalismo surge independientemente de cuál sea la política oficial, multiculturalista en el Reino Unido o los Países Bajos, asimilacionista en Francia), sino simplemente porque la propia evolución de las sociedades occidentales lo ha superado.
La segunda consecuencia es que la cuestión fundamental no es ya la inmigración (que está ahí), sino la reconstrucción del islam (o, mejor dicho, varios islam) en un contexto de occidentalización y desarraigo cultural. En la práctica, los dos modelos de gestión que han dominado Europa con respecto a la cuestión de la inmigración durante los últimos 30 años están en crisis: el modelo multiculturalista de los países del Norte, porque está basado en la idea de la perennidad de las culturas –cuando lo cierto es que están en situación crítica–, y el modelo francés, porque, hasta hace poco, ha pretendido ignorar la permanencia e incluso el fortalecimiento de la identidad religiosa. Y lo cierto es que la nueva generación se caracteriza por la búsqueda de esa identidad.
Cuanto más crítica es la situación de la cultura, más se reafirma la religión. Es preciso alejarse del concepto de choque de culturas de Huntington, porque parte de la adecuación entre religión y cultura, y eso es lo que ya no funciona. Hay que abordar esta disociación de la cultura y lo religioso y favorecer la aparición de un islam europeo. Ahora bien, aquí nos encontramos con un gran malentendido: para la opinión pública europea, un islam europeo quiere decir un islam liberal, feminista y abierto. Por supuesto que existe, y es el que propugnan algunos pensadores reformistas, pero no es precisamente el que buscan los renacidos ni los conversos. El despliegue del islam en Europa sigue las mismas líneas que el cristianismo, y eso, en este momento, no quiere decir la modernización teológica, sino la reformulación de los preceptos religiosos en función de valores conservadores (la vida, la familia, la moral...). En este sentido, los musulmanes coinciden muchas veces con una Iglesia católica que, sin embargo, rechaza su presencia en nombre de la identidad cristiana de Europa. Entre ellos existen todas las formas de islam posibles –liberal, conservador, reformado–, pero la tendencia dominante es el conservadurismo moderado.
La idea de que el islam europeo sea un islam ‘liberal’ tiene tan poco sentido como decir que el cristianismo europeo es, por definición, liberal
La idea de que el islam europeo sea liberal tiene tan poco sentido como decir que el cristianismo europeo es, por definición, liberal. La rigidez de la Iglesia católica sobre los aspectos del dogma y los valores morales, así como el carácter reaccionario de los movimientos carismáticos protestantes en lo político y lo social, demuestran que el liberalismo no es una característica inalienable de la europeización. En realidad, las autoridades políticas no deben intervenir en el ámbito teológico (eso supondría el fin de la separación entre Iglesia y Estado), sino favorecer la autonomía religiosa del islam europeo respecto a las culturas de los países de origen. Sus contactos deben producirse con las demás religiones presentes en Europa, más que con los países de Oriente Medio.
En vez de negociar con las autoridades egipcias o paquistaníes sobre el papel de las madrazas o la formación de los imames, hay que fomentar la creación de lugares adecuados en Europa. Trabajar para que el islam sea una religión europea no consiste en discutir sobre los dogmas, sino en promover su autonomía y su integración como simple religión (y no como cultura) en una Europa que no sea multicultural, sino sencillamente diversificada.
La inmigración ha producido desarraigados y rebeldes en busca de una causa. Pero también ha fabricado clases medias, intelectuales y profesionales que sólo pretenden poder vivir como musulmanes y europeos: a ellos es a quien hay que dirigirse, más allá de las consideraciones estratégicas y de seguridad, porque encarnan el futuro.
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jueves, 2 de diciembre de 2010
CIEN DÍAS TROPEZANDO, AÚN SIN TENER OBSTÁCULOS.

Por Elpidio Tolentino Garrido
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Muchos fueron los que se expresaron libremente en el sentido de que no debía hacerse ningún de críticas a las nuevas autoridades municipales, porque estaban nuevas en sus funciones y había que dejarlas trabajar, darles tiempo de demostrar lo que eran capaces de hacer en por lo menos cien días.
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No tenía por qué acogerme a ese pedido, porque mi función es ver las acciones que se realizan y si andan mal alertar a la población y los mismos que ejecutan esas acciones para que no continúen o no se repitan.
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Aún sabiendo que se nos tilda como envidiosos, hicimos las críticas antes de los cien días, y ahora que han transcurrido, también las haremos, y para iniciar tengo que decir que esta gestión EN CIEN DÍAS HA ESTADO TENIENDO TROPIEZOS, AÚN SIN QUE HAYA OBSTÁCULOS PARA TROPEZAR.
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Desde sus primeros quince días de gestión, nuestras autoridades comenzaron improvizando una serie de obras para supuestamente impresionar ante la opinión pública, obras que en su mayoría ahora están paralizadas, porque al no haber planificación, no sabían de donde provendrían los recursos.
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ROBARLE días de trabajo a humildes obreros, a los cuales les descontaron 15 días del mes de agosto porque supuestamente el alcalde no los había visto en sus puestos de trabajos; otros fueron más desdichados y aún esperan el pago del mes de septiembre, aunque han tenido que seguir barriendo y recogiendo basura para no perderlo todo.
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Otros, como los dueños de la madera colocada en la Gastón Deligne, que luego de un mes y algo contratados, se les ha dicho que ya no se necesita su madera y que deben retirarla porque usarán otra, siendo la razón real la falta de dinero para pagar ese compromiso.
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Decirle a este pueblo, y muchos creer que es así, que se construyó una plaza de la bandera, no es más que una vulgar mentira, disfrazada con un ápice de verdad. La plaza de la bandera no es más que el Paseo José Martí, construído por el doctor José Reyes, por varios millones de pesos, y que ahora se les colocaran las banderas, con una inversión mínima, y entonces se quiere vender la idea de que construyeron "la plaza de la bandera".
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Llenar las aceras de tarros y matas, aparentemente embellece nuestras calles, pero a qué costo, porque a pesar de hablar mentira diciendo que son un regalo, lo cierto que son un acto de corrupción cuando el alcalde dice qeu se pagarán con contratas futuras a los dueños de esos tarros y palmas.
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Además de que la saturación de las mismas en nuestras aceras se ha convertido en una real violación del espacio público, ya que en una gran cantidad de tramos el tránsito peatonal es imposible, provocando que las personas tengan que tirarse al pavimento exponiendo su integridad física con los vehículos que se desplazan por nuestras calles.
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Un punto luminoso podría ser las señalizaciones de las calles, pero como ha sido algo hecho tan "a lo loco", pintaron calles en sentido de giro contrario como debía ser, les pintaron luego los extremos, pero es de tan mala calidad esa pintura, que ya las indicaciones indebidas están bien visibles y se prestan a causar accidentes de tránsito.
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Otro punto que pudiera ser luminoso es el del cementerio, pero a nadie han podido convencer de la pertinencia de tumbar la pared que allí estaba para hacer una supuestamente mejor y más bella, cuando la derribada pudo ser restaurada y embellecida sin invertir los millones que se afirma invirtieron.
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Otro "punto luminoso" de esos cien días, y hay que felicitar a nuestros funcionarios, es que un número significcativo ha comprometido al Cabildo como garante para poder adquirir vehículos y bienes. Esto sin especular conque la empresa Aseos Municipales estaría comprometida a pagar esos acuerdos económicos que han llegado varios funcionarios, a cambio del nuevo contrato para la recogida de la basura, con un aumento prácticamente de un cien por ciento en el mismo.
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Así, sin profundizar en otros hechos, que nos reservamos para cuando paguen espacios para seguir mintiendo diciendo que no es cierto, podemos decir con mucha propiedad que EN CIEN DÍAS DE GESTIÓN MUNICIPAL NUESTRAS AUTORIDADES HAN ESTADO TROPEZANDO, AÚN SIN TENER PIEDRAS NI OBSTÁCULOS EN SU CAMINO.
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Muchos fueron los que se expresaron libremente en el sentido de que no debía hacerse ningún de críticas a las nuevas autoridades municipales, porque estaban nuevas en sus funciones y había que dejarlas trabajar, darles tiempo de demostrar lo que eran capaces de hacer en por lo menos cien días.
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No tenía por qué acogerme a ese pedido, porque mi función es ver las acciones que se realizan y si andan mal alertar a la población y los mismos que ejecutan esas acciones para que no continúen o no se repitan.
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Aún sabiendo que se nos tilda como envidiosos, hicimos las críticas antes de los cien días, y ahora que han transcurrido, también las haremos, y para iniciar tengo que decir que esta gestión EN CIEN DÍAS HA ESTADO TENIENDO TROPIEZOS, AÚN SIN QUE HAYA OBSTÁCULOS PARA TROPEZAR.
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Desde sus primeros quince días de gestión, nuestras autoridades comenzaron improvizando una serie de obras para supuestamente impresionar ante la opinión pública, obras que en su mayoría ahora están paralizadas, porque al no haber planificación, no sabían de donde provendrían los recursos.
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ROBARLE días de trabajo a humildes obreros, a los cuales les descontaron 15 días del mes de agosto porque supuestamente el alcalde no los había visto en sus puestos de trabajos; otros fueron más desdichados y aún esperan el pago del mes de septiembre, aunque han tenido que seguir barriendo y recogiendo basura para no perderlo todo.
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Otros, como los dueños de la madera colocada en la Gastón Deligne, que luego de un mes y algo contratados, se les ha dicho que ya no se necesita su madera y que deben retirarla porque usarán otra, siendo la razón real la falta de dinero para pagar ese compromiso.
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Decirle a este pueblo, y muchos creer que es así, que se construyó una plaza de la bandera, no es más que una vulgar mentira, disfrazada con un ápice de verdad. La plaza de la bandera no es más que el Paseo José Martí, construído por el doctor José Reyes, por varios millones de pesos, y que ahora se les colocaran las banderas, con una inversión mínima, y entonces se quiere vender la idea de que construyeron "la plaza de la bandera".
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Llenar las aceras de tarros y matas, aparentemente embellece nuestras calles, pero a qué costo, porque a pesar de hablar mentira diciendo que son un regalo, lo cierto que son un acto de corrupción cuando el alcalde dice qeu se pagarán con contratas futuras a los dueños de esos tarros y palmas.
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Además de que la saturación de las mismas en nuestras aceras se ha convertido en una real violación del espacio público, ya que en una gran cantidad de tramos el tránsito peatonal es imposible, provocando que las personas tengan que tirarse al pavimento exponiendo su integridad física con los vehículos que se desplazan por nuestras calles.
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Un punto luminoso podría ser las señalizaciones de las calles, pero como ha sido algo hecho tan "a lo loco", pintaron calles en sentido de giro contrario como debía ser, les pintaron luego los extremos, pero es de tan mala calidad esa pintura, que ya las indicaciones indebidas están bien visibles y se prestan a causar accidentes de tránsito.
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Otro punto que pudiera ser luminoso es el del cementerio, pero a nadie han podido convencer de la pertinencia de tumbar la pared que allí estaba para hacer una supuestamente mejor y más bella, cuando la derribada pudo ser restaurada y embellecida sin invertir los millones que se afirma invirtieron.
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Otro "punto luminoso" de esos cien días, y hay que felicitar a nuestros funcionarios, es que un número significcativo ha comprometido al Cabildo como garante para poder adquirir vehículos y bienes. Esto sin especular conque la empresa Aseos Municipales estaría comprometida a pagar esos acuerdos económicos que han llegado varios funcionarios, a cambio del nuevo contrato para la recogida de la basura, con un aumento prácticamente de un cien por ciento en el mismo.
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Así, sin profundizar en otros hechos, que nos reservamos para cuando paguen espacios para seguir mintiendo diciendo que no es cierto, podemos decir con mucha propiedad que EN CIEN DÍAS DE GESTIÓN MUNICIPAL NUESTRAS AUTORIDADES HAN ESTADO TROPEZANDO, AÚN SIN TENER PIEDRAS NI OBSTÁCULOS EN SU CAMINO.
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martes, 30 de noviembre de 2010
JOSÉ REYES ES MORALMENTE GRANDE!!!!!!!!!!!!

Por Elpidio Tolentino
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El doctor José Reyes fue síndico de La Romana por ocho años. Salió de la Alcaldía como tenía que salir: CON LA FRENTE EN ALTO, y su moral en un alto pedestal en la sociedad romanense.
Y escribo así, porque a pocos días de estar las nuevas autoridades en el cabildo, escuché a un amigo decir que José y los que estaban con el habían sido corruptos y merecían estar presos. Y de verdad quedé callado, a la vez que en mi interior preguntaba por qué no lo sometían y procesaban.
Pero también pensaba que José no ha manejado ningún dinero para asistencias sociales o ayudas por enfermedad, y se ha quedado con parte de ese dinero. Tampoco recuerdo que José Reyes haya trabajado en lugar alguno y hayan tenido que "sacarlo" por indelicadezas en sus funciones.
Y escribo así, porque a pocos días de estar las nuevas autoridades en el cabildo, escuché a un amigo decir que José y los que estaban con el habían sido corruptos y merecían estar presos. Y de verdad quedé callado, a la vez que en mi interior preguntaba por qué no lo sometían y procesaban.
Pero también pensaba que José no ha manejado ningún dinero para asistencias sociales o ayudas por enfermedad, y se ha quedado con parte de ese dinero. Tampoco recuerdo que José Reyes haya trabajado en lugar alguno y hayan tenido que "sacarlo" por indelicadezas en sus funciones.
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Tampoco he recordado a José regalar algún bien, ya pagado, y resulta que hayan tenido que pagarlo nueva vez, porque los recursos no llegaron como y donde debieron llegar.
Lo que sí recuerdo es que Leonel Fernández, presidente de la República, le dijo que construyera el Monumento a Juan Bosch, que le daría los siete millones de pesos que se llevaba, y José comenzó a coger fiao, puso al contratista a trabajar y al escultor a hacer su obra.
Pero como Leonel no le cumplió a José, eso lo recuerdo fresquesito, con el hecho de haber pedido la sindicatura vinieron las presiones y se habló que el escultor hasta lo sometería por trabajo realizado y no pagado.
Y estan así que lo someterían, que me satisface saber que José no tenía con qué pagar esos compromisos, porque no ha robado, no ha amasado fortuna, no se ha quedado con lo ajeno, y tuvieron que meterle la mano gente de su partido para pagar la estatua de Juan Bosch.
Y estan grande José, que cuando el monumento a Juan Bosch, que es un sueño de él, de José Ramón Reyes Reyes, está allí a medias, si hubiese sido el corrupto que han dicho, conociéndolo como lo conozco, ya el mismo hubiera buscado esos cuartos y la estatuta estuviera a la vista de todos.
Lo que sí recuerdo es que Leonel Fernández, presidente de la República, le dijo que construyera el Monumento a Juan Bosch, que le daría los siete millones de pesos que se llevaba, y José comenzó a coger fiao, puso al contratista a trabajar y al escultor a hacer su obra.
Pero como Leonel no le cumplió a José, eso lo recuerdo fresquesito, con el hecho de haber pedido la sindicatura vinieron las presiones y se habló que el escultor hasta lo sometería por trabajo realizado y no pagado.
Y estan así que lo someterían, que me satisface saber que José no tenía con qué pagar esos compromisos, porque no ha robado, no ha amasado fortuna, no se ha quedado con lo ajeno, y tuvieron que meterle la mano gente de su partido para pagar la estatua de Juan Bosch.
Y estan grande José, que cuando el monumento a Juan Bosch, que es un sueño de él, de José Ramón Reyes Reyes, está allí a medias, si hubiese sido el corrupto que han dicho, conociéndolo como lo conozco, ya el mismo hubiera buscado esos cuartos y la estatuta estuviera a la vista de todos.
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Y es tan grande moral, política, personalmente JOSÉ REYES, que ganando muy bien como médico (que nunca ha dejado de ejercer) sigue viviendo en su misma modesta casa de Chicago. No se ha ido a Casa de Campo, Buena Vista Norte, La Hoz, Romana del Oeste ni las Orquídeas, sino que sigue siendo el mismo José, trabajando y ayudando gente, con lo de el, con lo que se gana en el sector privado y en el público.
ASÍ QUE, DEFINITIVAMENTE, JOSÉ REYES ES GRANDE!!!
ASÍ QUE, DEFINITIVAMENTE, JOSÉ REYES ES GRANDE!!!
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viernes, 26 de noviembre de 2010
miércoles, 24 de noviembre de 2010
MULTILATERALISMO Y DESORDEN GLOBAL
El orden multipolar al que se dirige el mundo podría alejarse aún más del multilateralismo. ¿Cómo evitarlo?

Para los aficionados a la pintura, el mundo actual se asemejaría a un cuadro impresionista, con figuras borrosas, o incluso a una obra surrealista que rechaza criterios racionales y donde predominan sorpresa y desorden. No sería una obra clásica, de formas nítidas, como desearon Wilson o Roosevelt para remediar el caos posterior a las dos guerras mundiales.
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Pero no hay mucho arte en el sistema internacional contemporáneo. Ni mucha estrategia. Más que el Gran Juego decimonónico, la política internacional es un juego de póquer donde se utilizan cartas como la política monetaria o la energía, y se guardan otras a la espera de la siguiente mano. Pocos socios, menos aliados y muchos rivales. Los sofisticados esquemas académicos y designios estratégicos ideados en los laboratorios políticos casan mal con la enrevesada realidad de las relaciones internacionales modernas.
Lo cierto es que, más allá de que asistimos a cambios geopolíticos de envergadura, no sabemos mucho del futuro orden internacional. Sí podemos aventurar que será un mundo multipolar o no polar, donde coexistirán, aún de forma desordenada, varios poderes de influencia dispar, muy vulnerables ante factores no estatales (desde emergencias civiles, shocks financieros hasta acciones de grupos terroristas). Un mundo donde lo doméstico se entremezcla de forma confusa con lo internacional; fenómenos aparentemente locales, como nacionalismos y xenofobia, tienen serias implicaciones geopolíticas. Imprevisibilidad e incertidumbre son palabras que reflejan nuestra perplejidad ante el orden internacional que se avecina.
En este contexto, la crisis económica y financiera, con sus sucesivas réplicas sísmicas, ha acelerado tendencias geopolíticas preexistentes, como el desplazamiento del centro de gravedad económico y político del Atlántico Norte hacia Asia y el Pacífico.
Es una crisis que a su vez evidencia la del propio sistema multilateral, al menos a tres niveles: legitimidad, eficacia y capacidad. Legitimidad, por el déficit democrático de la mayoría de sus miembros. Eficacia, porque el sistema resulta insuficiente a la hora de evitar actos de agresión mediante la aplicación del principio de seguridad colectiva, o de disuadir serias vulneraciones a las reglas de juego, como la proliferación nuclear o las violaciones masivas de derechos humanos. El sistema multilateral tampoco consigue otorgar suficiente legitimidad a las acciones internacionales frente a tales violaciones, como demuestran las reticencias de muchos miembros de la ONU (entre ellos, la práctica totalidad de los poderes emergentes) hacia el principio de Responsabilidad de Proteger (R2P). Finalmente, es una crisis de capacidad, dado que las instituciones no pueden responder adecuadamente a las necesidades de gobernanza global, marcadas por desafíos transversales como el cambio climático o las pandemias.
Si el sistema multilateral ya está seriamente tocado, el orden multipolar al que parece conducir la crisis podría alejarse aún más del multilateralismo. Las grandes organizaciones de seguridad coinciden en la identificación de las nuevas amenazas y desafíos (como muestran los documentos estratégicos de la ONU, UE, OTAN u OSCE), pero no existe un verdadero consenso acerca de cuáles son prioritarias, algo que las diferencias políticas en la agenda de seguridad hacen aún más palpable. Incluso cuando hay acuerdo sobre la gravedad de la amenaza, como la proliferación nuclear, nuevas y complejas relaciones de poder reducen el margen de acción colectiva. El criterio de “éxito” deja de ser la modificación de la conducta de los transgresores; basta con que órganos como el Consejo de Seguridad consigan tomar alguna decisión. Se abre así la veda para el free-lancing en materia de seguridad, como las gestiones de Turquía y Brasil con Irán. Si eso ocurre con amenazas sistémicas como la nuclear, las posibilidades de acción multilateral son aún menores respecto a riesgos que no afectan de manera tan evidente a intereses vitales; es el caso de la gestión de conflictos en Estados fallidos como Somalia o Sudán.
La ambición de Europa no puede ser la mera suma de las ambiciones de los Estados, como hoy parecen entender los grandes como Francia, Alemania o Reino Unido
Como alternativa a este sistema, los países recurren a foros del estilo del G-20 o grupos regionales, como la Organización de Cooperación de Shanghai; foros que intentan aunar intereses muy dispares. Cobran nueva fuerza los intereses nacionales y la soberanía resurge, aunque hoy es relativa. Ejemplo de ello en la propia UE es la actual crisis de solidaridad que se manifiesta en profundas divisiones a la hora de acordar mecanismos para salvar el euro de las especulaciones financieras, o en el estancamiento de los mecanismos comunes de seguridad y defensa que introdujo el Tratado de Lisboa frente a acuerdos puramente bilaterales en materia de defensa, como los firmados recientemente entre Francia y el Reino Unido. El resultado es, por un lado, un orden global de seguridad colectiva que entra en quiebra, y por otro, un incipiente orden que germina, basado en el clásico equilibrio de poderes en torno a una o dos potencias globales (EE UU y China), varios aspirantes (como la UE), una multitud de potencias regionales, y cambiantes alianzas basadas en intereses concretos –sea defensa, energía o comercio.
Pero es un error intentar organizar el mundo del siglo XXI exclusivamente en claves de soberanía clásica. Es demasiado interdependiente y muchos de los riesgos a nuestra seguridad son trasversales; ello requiere esfuerzos colectivos que también incluyan actores no estatales (por ejemplo, en el ámbito de la investigación científica, mediante partenariados público-privados). Un multilateralismo moderno exige un nuevo marco de cooperación que, además de los equilibrios de poder, tenga en cuenta la complejidad de los desafíos de seguridad, la importancia de las acciones preventivas (como en la lucha contra el cambio climático), así como la necesidad de reafirmar un modelo normativo sobre una base democrática.
La Unión Europea, como modelo metasoberano, tendría ventajas comparativas en este otro orden posible si aprovecha de manera creativa los desafíos que plantea la crisis económica. El historiador Tony Judt hablaba de la incapacidad de los gobernantes actuales de concebir la política más allá de un estrecho economicismo. Desgraciadamente, este parece ser el único criterio de análisis estratégico para las nuevas instituciones de Bruselas. La ambición de Europa no puede ser la mera suma de las ambiciones de los Estados, como hoy parecen entender los grandes como Francia, Alemania o Reino Unido. Es necesario un interés colectivo europeo para moldear el entorno global, como se acordó en la Estrategia de Seguridad, avanzando en algunas opciones que tengan verdadero impacto geopolítico –la integración de Turquía es un ejemplo.
Por ello, ante el invierno de cumbres multilaterales que se avecina –OTAN en Lisboa, OSCE en Astana, etc. –, los gobiernos europeos deberían tener presente que si el interés europeo es que el mundo multipolar sea también multilateral, no bastará sólo con jugar a la Realpolitik por el afán de mantenerse en la foto –como vienen haciendo desde que estalló la crisis.

Para los aficionados a la pintura, el mundo actual se asemejaría a un cuadro impresionista, con figuras borrosas, o incluso a una obra surrealista que rechaza criterios racionales y donde predominan sorpresa y desorden. No sería una obra clásica, de formas nítidas, como desearon Wilson o Roosevelt para remediar el caos posterior a las dos guerras mundiales.
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Pero no hay mucho arte en el sistema internacional contemporáneo. Ni mucha estrategia. Más que el Gran Juego decimonónico, la política internacional es un juego de póquer donde se utilizan cartas como la política monetaria o la energía, y se guardan otras a la espera de la siguiente mano. Pocos socios, menos aliados y muchos rivales. Los sofisticados esquemas académicos y designios estratégicos ideados en los laboratorios políticos casan mal con la enrevesada realidad de las relaciones internacionales modernas.
Lo cierto es que, más allá de que asistimos a cambios geopolíticos de envergadura, no sabemos mucho del futuro orden internacional. Sí podemos aventurar que será un mundo multipolar o no polar, donde coexistirán, aún de forma desordenada, varios poderes de influencia dispar, muy vulnerables ante factores no estatales (desde emergencias civiles, shocks financieros hasta acciones de grupos terroristas). Un mundo donde lo doméstico se entremezcla de forma confusa con lo internacional; fenómenos aparentemente locales, como nacionalismos y xenofobia, tienen serias implicaciones geopolíticas. Imprevisibilidad e incertidumbre son palabras que reflejan nuestra perplejidad ante el orden internacional que se avecina.
En este contexto, la crisis económica y financiera, con sus sucesivas réplicas sísmicas, ha acelerado tendencias geopolíticas preexistentes, como el desplazamiento del centro de gravedad económico y político del Atlántico Norte hacia Asia y el Pacífico.
Es una crisis que a su vez evidencia la del propio sistema multilateral, al menos a tres niveles: legitimidad, eficacia y capacidad. Legitimidad, por el déficit democrático de la mayoría de sus miembros. Eficacia, porque el sistema resulta insuficiente a la hora de evitar actos de agresión mediante la aplicación del principio de seguridad colectiva, o de disuadir serias vulneraciones a las reglas de juego, como la proliferación nuclear o las violaciones masivas de derechos humanos. El sistema multilateral tampoco consigue otorgar suficiente legitimidad a las acciones internacionales frente a tales violaciones, como demuestran las reticencias de muchos miembros de la ONU (entre ellos, la práctica totalidad de los poderes emergentes) hacia el principio de Responsabilidad de Proteger (R2P). Finalmente, es una crisis de capacidad, dado que las instituciones no pueden responder adecuadamente a las necesidades de gobernanza global, marcadas por desafíos transversales como el cambio climático o las pandemias.
Si el sistema multilateral ya está seriamente tocado, el orden multipolar al que parece conducir la crisis podría alejarse aún más del multilateralismo. Las grandes organizaciones de seguridad coinciden en la identificación de las nuevas amenazas y desafíos (como muestran los documentos estratégicos de la ONU, UE, OTAN u OSCE), pero no existe un verdadero consenso acerca de cuáles son prioritarias, algo que las diferencias políticas en la agenda de seguridad hacen aún más palpable. Incluso cuando hay acuerdo sobre la gravedad de la amenaza, como la proliferación nuclear, nuevas y complejas relaciones de poder reducen el margen de acción colectiva. El criterio de “éxito” deja de ser la modificación de la conducta de los transgresores; basta con que órganos como el Consejo de Seguridad consigan tomar alguna decisión. Se abre así la veda para el free-lancing en materia de seguridad, como las gestiones de Turquía y Brasil con Irán. Si eso ocurre con amenazas sistémicas como la nuclear, las posibilidades de acción multilateral son aún menores respecto a riesgos que no afectan de manera tan evidente a intereses vitales; es el caso de la gestión de conflictos en Estados fallidos como Somalia o Sudán.
La ambición de Europa no puede ser la mera suma de las ambiciones de los Estados, como hoy parecen entender los grandes como Francia, Alemania o Reino Unido
Como alternativa a este sistema, los países recurren a foros del estilo del G-20 o grupos regionales, como la Organización de Cooperación de Shanghai; foros que intentan aunar intereses muy dispares. Cobran nueva fuerza los intereses nacionales y la soberanía resurge, aunque hoy es relativa. Ejemplo de ello en la propia UE es la actual crisis de solidaridad que se manifiesta en profundas divisiones a la hora de acordar mecanismos para salvar el euro de las especulaciones financieras, o en el estancamiento de los mecanismos comunes de seguridad y defensa que introdujo el Tratado de Lisboa frente a acuerdos puramente bilaterales en materia de defensa, como los firmados recientemente entre Francia y el Reino Unido. El resultado es, por un lado, un orden global de seguridad colectiva que entra en quiebra, y por otro, un incipiente orden que germina, basado en el clásico equilibrio de poderes en torno a una o dos potencias globales (EE UU y China), varios aspirantes (como la UE), una multitud de potencias regionales, y cambiantes alianzas basadas en intereses concretos –sea defensa, energía o comercio.
Pero es un error intentar organizar el mundo del siglo XXI exclusivamente en claves de soberanía clásica. Es demasiado interdependiente y muchos de los riesgos a nuestra seguridad son trasversales; ello requiere esfuerzos colectivos que también incluyan actores no estatales (por ejemplo, en el ámbito de la investigación científica, mediante partenariados público-privados). Un multilateralismo moderno exige un nuevo marco de cooperación que, además de los equilibrios de poder, tenga en cuenta la complejidad de los desafíos de seguridad, la importancia de las acciones preventivas (como en la lucha contra el cambio climático), así como la necesidad de reafirmar un modelo normativo sobre una base democrática.
La Unión Europea, como modelo metasoberano, tendría ventajas comparativas en este otro orden posible si aprovecha de manera creativa los desafíos que plantea la crisis económica. El historiador Tony Judt hablaba de la incapacidad de los gobernantes actuales de concebir la política más allá de un estrecho economicismo. Desgraciadamente, este parece ser el único criterio de análisis estratégico para las nuevas instituciones de Bruselas. La ambición de Europa no puede ser la mera suma de las ambiciones de los Estados, como hoy parecen entender los grandes como Francia, Alemania o Reino Unido. Es necesario un interés colectivo europeo para moldear el entorno global, como se acordó en la Estrategia de Seguridad, avanzando en algunas opciones que tengan verdadero impacto geopolítico –la integración de Turquía es un ejemplo.
Por ello, ante el invierno de cumbres multilaterales que se avecina –OTAN en Lisboa, OSCE en Astana, etc. –, los gobiernos europeos deberían tener presente que si el interés europeo es que el mundo multipolar sea también multilateral, no bastará sólo con jugar a la Realpolitik por el afán de mantenerse en la foto –como vienen haciendo desde que estalló la crisis.
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