lunes, 10 de octubre de 2011

MEDVÉDEV Y PUTIN: ¿PERPETUADOS EN EL PODER?










Por Foreign Policy



“Considero que sería conveniente que el Congreso apoye la candidatura de Vladímir Putin a la presidencia del país“. Con estas palabras el actual presidente de la Federación Rusa, Dmitri Medvédev, anunciaba el sábado 24 de septiembre que daría un paso atrás para que su mentor político y antecesor en el cargo pudiera regresar al Kremlin, tras las elecciones presidenciales del próximo 4 de marzo de 2012. Putin aceptó el nombramiento como “un gran honor”, y ofreció a Medvédev el encabezar las listas de Rusia Unida en los comicios parlamentarios del próximo diciembre. De modo que previsiblemente pasará a ocupar el puesto de primer ministro al cesar como presidente. Este anuncio pone fin a la incertidumbre sobre si Medvédev optaría a un segundo mandato y si lo haría con el respaldo de Putin o compitiendo contra él.

Al final, se ha cumplido lo que muchos vaticinaban y algunos se resistían a admitir: que la era Medvédev ha sido un simple paréntesis, dada la imposibilidad según la Constitución de 1993 de un tercer mandato consecutivo de Putin, y que realmente nunca hubo una posibilidad de que su proyecto político se prolongase más tiempo del estrictamente necesario. Por otra parte, las encuestas de opinión apuntan a que sólo un 7% de los rusos deseaban una candidatura del actual presidente, mientras que un 24% se inclinaban por una del anterior y un 42% querían ver a ambos en la pugna. En términos estrictamente electorales, la decisión no tiene por tanto nada de extraño, tanto más si recordamos que Putin dejó el cargo en 2008 con un 70% de popularidad.

En todo caso, las supuestas divergencias entre Medvédev y Putin han sido mucho más retóricas que reales. En cierto modo, se limitaron a repartirse de mutuo acuerdo los papeles de policía bueno y policía malo, como se comprobó durante la intervención internacional contra el régimen de Gadafi, calificada por Putin de cruzada en unas declaraciones posteriormente matizadas por Medvédev. En esa línea, aunque el presidente formó su Administración presidencial con tecnócratas, Putin mantuvo su influencia en los llamados Ministerios de fuerza, así como en las grandes corporaciones en las que había ubicado a personas de su confianza, para desmontar el poder de los oligarcas. Los grandes proyectos de lucha contra la corrupción, modernización de infraestructuras o reforma de la policía, aunque han sido incorporados por Putin al programa de Rusia Unida, no cabe duda de que se asociaban al actual dirigente y se puede achacar la falta de avances significativos en los mismos a su ya demostrada interinidad en el cargo.

No obstante, más que en un plano interno, las consecuencias de esta decisión se reflejarán especialmente en las relaciones de la Federación con el resto del mundo. En la política internacional muchas veces las percepciones condicionan el modo en que los países interaccionan, y en ese sentido la imagen de Putin que ha permanecido en la memoria colectiva, sea justo o no, es la del dirigente intransigente que plantó cara a Occidente durante su segundo mandato, y que fomentó la adopción de medidas de fuerza en la zona de especial interés para Rusia representada por las ex Repúblicas Soviéticas.

Por tanto, y desde el punto de vista de la comunicación estratégica, no es de esperar que el regreso de Putin sea beneficioso para Rusia, además de producirse en un momento especialmente complejo. Tras la llegada al poder de Medvédev en 2008 se sucedieron en el tiempo el inicio de la presidencia de Obama en EE UU, con la puesta a cero de las relaciones con Moscú, la entrada en vigor del Tratado de Lisboa de la UE, la aprobación de un nuevo concepto estratégico de la OTAN y la reanudación de su cooperación con el Kremlin, la discusión en el marco de la OSCE de la propuesta de Medvédev de un nuevo tratado de seguridad paneuropeo para superar definitivamente el legado de la guerra fría, y la llegada al poder en Ucrania y Polonia de nuevos dirigentes más proclives a unas relaciones amistosas con Rusia. Todo ello parecía anticipar una nueva era de las relaciones en el espacio euro atlántico, de consecuencias muy positivas para la seguridad cooperativa de nuestra región.

En cierto modo esa ventana de oportunidad ya ha comenzado a cerrarse, en parte porque la atención de los gobiernos occidentales se ha focalizado en las consecuencias de la grave crisis económica y financiera. Así, la Administración Obama ha iniciado un claro repliegue estratégico hacia sus fronteras, como lo prueba su limitada implicación en la crisis de Libia y los planes de retirada gradual de Afganistán. Europa sigue sin dar la talla como actor global, lastrada por la diversidad de culturas estratégicas entre los principales Estados miembros (Francia, Reino Unido y Alemania). La recuperada relación OTAN-Rusia se encuentra en un punto muerto, ante los desacuerdos en el desarrollo conjunto del escudo antimisiles. Por último, incluso la relación de Moscú con Kiev ha empeorado en los últimos meses, debido a las diferencias sobre el precio del gas y la negativa ucraniana a incorporarse a la Unión Aduanera de Rusia, Kazajstán y Bielorrusia.

En ese entorno, la futura vuelta de Putin al Kremlin no parece aventurar una época fácil. La crisis económica golpeó duramente a Rusia en 2009, pero los altos precios de la energía le han permitido volver a cifras de crecimiento en torno al 4% en 2010. El actual primer ministro tiene una clara visión del rumbo que debe tomar el país, y su aproximación claramente realista y pragmática para conseguir esos objetivos le llevarán a intentar aprovechar al máximo las crecientes capacidades materiales rusas. En el exterior, al constatar el repliegue estadounidense y la incapacidad europea, es previsible que continúe formando un polo de poder aislado con sus aliados más fieles (Kazajstán, Bielorrusia, Armenia, Kirguistán y Tayikistán), y que priorice las relaciones con sus socios clave en la UE (Alemania, Francia e Italia) sobre la asociación estratégica con el conjunto de la Unión.

Para finalizar con una hipótesis optimista, cabe recordar que muchas de las citadas iniciativas de reforma interna de Medvédev se centran en cuestiones más propias del ámbito de responsabilidad del primer ministro, mientras que Putin intervenía con frecuencia en cuestiones de política exterior y de seguridad del ámbito presidencial, por lo que el previsto enroque de marzo y el intercambio de puestos puede racionalizar el reparto de funciones entre ambos. En todo caso, hubiera sido más positivo para Rusia un segundo mandato de cuatro años de Medvédev y que se hubiera aprobado, entonces, la reforma constitucional de 2008 por la que los cargos presidenciales pasan a durar seis años. De ese modo, Medvédev hubiera sido presidente hasta 2016 y Putin podría regresar al poder desde ese año hasta 2022, cuando alcanzará la edad de 70 años.

En el plano exterior, es de justicia recordar que el primer periodo presidencial de Putin se caracterizó por una fructífera colaboración con Occidente, en base a intereses comunes (como la lucha contra el terrorismo internacional), y en el uso de instrumentos de poder blando para aumentar su influencia entre sus vecinos. Una tendencia que se truncó más por culpa de los gobiernos occidentales (la invasión de Irak, la entrada en la OTAN de los países bálticos o el apoyo a las revoluciones de colores), que por decisión del Kremlin. El escenario más favorable sería, por tanto, aquel en que las relaciones entre Occidente y Rusia se desarrollen en la línea del periodo 2001-2003, lo que en gran parte dependerá de cómo la comunidad internacional reciba al ya presidente Putin a partir de marzo y, sobre todo, del resultado del proceso electoral estadounidense de 2012, ya que es previsible que el candidato republicano haga bandera en política exterior de un endurecimiento de la postura frente a Moscú para desgastar a Obama.
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sábado, 17 de septiembre de 2011

Momentos que el Regidor Wanchy Medina lee el panegírico al tesorero del ayuntamiento


Momentos que el Regidor Wanchy Medina lee el panegírico al tesorero del ayuntamiento, el cual fue cancelado... El Regidor había pedido en tres sesiones anteriores su cancelación.



Ver aqui: Concejal Wanchy Medina confirma que ha solicitado cancelación del tesorero municipal

miércoles, 24 de agosto de 2011

MÁS GENTE, POR FAVOR




Por Charles Kenny


No hay que preocuparse por el aumento de la población mundial; hay que celebrarlo.

Los acólitos de Thomas Malthus –el remilgado párroco del siglo XVIII cuya influencia ha durado muchísimo más que el acierto de sus predicciones– suelen tener tendencia al pesimismo, pero su nerviosismo ha sido especialmente intenso en las últimas semanas. Con sus últimas predicciones sobre población, que prevén que es posible que superemos los 10.000 millones de personas a finales de siglo, Naciones Unidas ha alimentado los viejos temores a que el planeta no pueda sostener a todos los seres humanos que tratan de vivir en él. A medida que crezca el número de personas en el mundo, se lamentan los malthusianos, la miseria florecerá.

Sin embargo, deberíamos estar encantados de que haya más gente que nunca en el planeta y de que vaya a haber muchos miles de millones más, tanto por motivos egoístas como altruistas. Por supuesto que hay problemas que remediar a medida que sigue aumentando la población mundial: entre otros, que muchas mujeres todavía no tienen libertad para decidir cuántos hijos quieren y que el modo de vida de los ricos que viven en lugares como Estados Unidos, Europa y Japón pone en peligro la sostenibilidad global. Sin embargo, este año en el que nos acercamos al nacimiento del habitante número 7.000 millones, deberíamos sentirnos jubilosos, no pesimistas.

¿Por qué es positivo el aumento de la población? Para empezar, la mayoría de la gente parece bastante contenta de estar viva. La tragedia del suicidio sigue siendo una causa relativamente infrecuente de muerte en todo el mundo, por fortuna. Y no hay más que unos pocos países en los que la mayoría de los que responden a las encuestas insinúan que son infelices: en Bangladesh, a pesar del bajo nivel de rentas y las malas condiciones de salud, el 85% de la población indica que son muy felices, y en Nigeria y China esa proporción es de casi tres cuartas partes. En pocas palabras, tener la oportunidad de estar vivos es bueno, y, cuantas más oportunidades se tienen, mejor. (Otro aspecto positivo en las proyecciones de la ONU: la esperanza media de vida en el mundo ascenderá de los 68 años actuales a 81 en 2100, así que dispondremos de un poco más de tiempo para disfrutar).

¿Por qué, entonces, tanta inquietud por el aumento de la población? A todos nos gusta tener amigos y familiares y, en general, cuantos más, mejor: pero nuestra simpatía hacia la humanidad puede ser local y egoísta; cuando se trata de gente a la que no conocemos, algunos dicen que, cuantos menos, mejor. Unas masas menos abundantes en África (cuya población, según la ONU, se triplicará de aquí a 2100) serían un factor positivo para nuestro frágil planeta, según algunos estadounidenses y europeos. Que haya más gente hoy significa tener una vida peor mañana, y que haya más gente mañana significa una catástrofe para el día después.

Esta forma de pensar persiste a pesar de que está completamente equivocada. Malthus despertó la inquietud hace 200 años cuando la población global andaba en torno a los 1.000 millones, y, francamente, es fácil comprender por qué la situación le pareció deprimente; en aquella época, el aumento de la población solía ir verdaderamente asociado al empeoramiento de la salud y las rentas. Ahora bien, en los siglos transcurridos desde entonces se han producido la abolición de la esclavitud, unos avances en las comunicaciones que hacen que la inmensa mayoría del planeta esté conectado de forma instantánea, unas mejoras asombrosas en la salud mundial, una expansión sin precedentes de la educación y los derechos políticos y civiles... y todo ello, con el aumento más espectacular de la historia de la población global. Incluso en el ámbito familiar, las pruebas de que “se sacrifica la calidad por la cantidad” –es decir, que más hijos significa peor vida para cada uno de ellos– son débiles.

Los 650 millones de personas más pobres del planeta viven aproximadamente con el 1% de la renta de los 650 millones más ricos

Desde luego que las amenazas a la sostenibilidad del planeta son muy visibles e inminentes. Pero el hecho de que la producción de aluminio se haya multiplicado por 10.760, según el ecologista Clive Ponting, o que la producción de petróleo se haya multiplicado por 380, o incluso que el PIB mundial haya aumentado 24 veces durante el último siglo son hechos que no se deben al aumento de población. El problema es el aumento del consumo per cápita. Y eso, sin duda, no es culpa de los africanos. Es culpa de los países ricos, que son los que consumen casi todo. Los 650 millones de personas más pobres del planeta viven aproximadamente con el 1% de la renta de los 650 millones más ricos. Cada año, añadimos un 1% o más a la renta de esos ricos; los índices de crecimiento del PIB per cápita en los Estados ricos tienen como mínimo ese nivel. Y ese crecimiento del 1% tiene la misma repercusión sobre el consumo global que tendría duplicar el número de personas que vivieran con la renta de los 659 millones más pobres. De modo que esas personas que pontifican desde los países ricos sobre poblaciones mundiales insostenibles quizá tendrían que empezar por el fragmento de población que ven en el espejo cada mañana.

Por supuesto, aunque las personas, en general, son un añadido positivo para el mundo, las mujeres deberían poder decidir cuántos hijos quieren. Cada año, alrededor de 80 millones de ellas se enfrentan a embarazos no deseados, 20 millones se arriesgan a someterse a abortos no seguros para no llevar a término su embarazo y 68.000 mueren como consecuencia de ellos, dentro del medio millón de muertes anuales relacionadas con la maternidad. El acceso seguro y confidencial a los métodos anticonceptivos modernos puede y debe ser un derecho, y es una intervención lo suficientemente barata como para que pueda implantarse en todo el mundo.

En cuanto a los misántropos recalcitrantes, si de verdad desean tener menos gente alrededor, siempre hay formas de reducir el aumento de población al tiempo que se mejora la calidad de vida de todos. Por ejemplo, los índices elevados de mortalidad y fertilidad están relacionados. Los padres tienen más hijos cuando existe un riesgo más elevado de que mueran, así que una de las vías más directas para reducir la fertilidad es avanzar en la salud infantil. Y la escolarización de las niñas está relacionada con las mejoras en los dos campos. Por consiguiente, conviene apoyar los programas de ayuda, el aumento de la inmigración o las políticas de comercio justo que proporcionan a los desfavorecidos los recursos necesarios para mantener a sus hijos con vida y educarlos.

No obstante, para quienes aseguran que actúan en interés de las generaciones futuras, “empequeñecerlas” no es la respuesta. Que salgan a protestar contra la expansión urbana, los dueños de los Humvees, las plantas alimentadas con carbón y la caza de ballenas; pero que dejen a la gente en paz.

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lunes, 8 de agosto de 2011

¿CÓMO SERÁ EL ORDEN MUNDIAL EN 2050?




Por Steven Hill

Hay que rediseñar el capitalismo, en los países en vías de desarrollo, ampliar la clase media, y en los desarrollados, mantenerla e implementar las prácticas sostenibles.

Desde la Segunda Guerra Mundial, es fácil ver que se ha producido en todo el mundo una gran convergencia en torno a las instituciones y las prácticas de la democracia y la economía políticas. Unos países tras otros han seguido el ejemplo de Estados Unidos, que ofrecía al mundo un modelo de desarrollo basado en el ascenso de la clase media. Esta convergencia no nace de un triunfalismo sobre el “fin de la historia”, sino que es parte de un avance constante, desde hace siglos, hacia los tipos de instituciones y políticas que mejor permiten alcanzar “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” para las modernas sociedades de masas. Incluso China, a su manera, se ve arrastrada de forma inexorable a este torbellino convergente. Y no hay motivos para pensar que esa convergencia vaya a interrumpirse en el futuro.

Estados Unidos inventó la clase media, la atractiva idea de que la gran mayoría de la población puede –y debe—disfrutar de un nivel de vida aceptable y una calidad de vida elevada. Cada país ha tratado de incorporar este principio. Europa –en otro tiempo, tierra de monarcas y dictadores— adoptó plenamente esa sociedad de clase media originada en EE UU y avanzó un paso más. El capitalismo social europeo dio a la clase media una base más sólida al crear una prosperidad más repartida y proporcionar más apoyo y seguridad a las familias y los trabajadores que el “capitalismo de Wall Street” estadounidense.

Hoy vemos que China, India, Brasil, Rusia y otros países de todo el mundo intentan construir sus propias versiones de este modelo de desarrollo basado en la clase media. Pekín ha aumentado su clase media en 200 millones de personas, una hazaña extraordinaria, pero sigue siendo un país pobre y en desarrollo, porque la mayor parte de sus 1.300 millones de habitantes viven aún en condiciones difíciles. Viajar de las zonas rurales a las ciudades es como hacer un recorrido a través del tiempo: los campesinos siguen arando la tierra con búfalos y la mayoría de los hogares en el campo carecen de comodidades modernas.

Las economías de India y Brasil están en pleno desarrollo y siguen el camino conocido que conduce a la sociedad de clases medias: creación de riqueza gracias al espíritu emprendedor y la industria privada, seguida de acumulación de recursos y de una lenta pero constante redistribución de éstos. Algunos países están recorriendo esta vía más deprisa y con más acierto que otros, algunos han adoptado mejores instituciones, que fomentan tanto la creación de empleo y el espíritu emprendedor como una prosperidad muy repartida de tal forma que, poco a poco, estimulan la macroeconomía e impulsan el consumo, los estabilizadores automáticos y los niveles de vida. En este proceso, la eficacia del gobierno es un ingrediente esencial; en muchos aspectos, la condición indispensable que determina el éxito o el fracaso. Pero este proceso dura decenios y, en realidad, éstos se miden a posteriori, no en el mismo momento.

Por eso, la pregunta respecto a 2050 es: ¿conseguirán estos países promover el modelo de sociedad basada en las clases medias? ¿Y puede el entorno planetario soportar esa explosión que añadirá aproximadamente 5.000 millones de personas a la clase media?

Creo que la respuesta a la primera pregunta es un rotundo sí. El modo de vida de la clase media, en gran medida, responde a los impulsos más básicos del ser humano: la pasión por la vida, la libertad, las oportunidades y la búsqueda de la felicidad, incluidas las diversiones y los placeres. Es una afirmación que vale tanto para la gente en China, India, Brasil, Egipto e Irán como para los habitantes de Francia, Alemania, Suecia, Grecia, República Checa, Polonia, Canadá, Japón y Estados Unidos. La lección de la primavera árabe, como la de la Revolución de Terciopelo en su día, es que los países de todo el mundo, en su mayoría, aspiran a su propia versión del sueño de la clase media y siempre van a intentar materializarlo para su pueblo. La gente seguirá reclamándolo, a pesar de los obstáculos políticos, porque esa demanda es tan persistente como la hierba que crece entre las grietas de las aceras.

El reto para Europa, EE UU, Japón, Canadá, Australia y otras naciones desarrolladas, es cómo mantener su nivel de vida sin ahogarse en deuda pública y privada

Esta convergencia, por supuesto, tendrá distinto aspecto según los países, pero contará con ciertos rasgos comunes. Para los más pobres, el reto será alimentar una economía política que no sólo permita la creación de riqueza sino también cierto grado de democracia representativa, porque esta última es un factor necesario para la redistribución, reduce la corrupción y aumenta las filas de la clase media. Algunos dicen que China está creando un modelo de desarrollo nuevo, crecimiento económico sin democracia política y lo llaman despotismo ilustrado o dictadura consultiva. En mi opinión, es una valoración equivocada y prematura, porque, a la hora de la verdad, los Estados que tienen fe en el individuo son los únicos que pueden ofrecer verdaderamente a sus ciudadanos la búsqueda de la vida, la libertad y la felicidad, que es lo que anhelan casi todas las personas. Los individuos prácticamente en todas partes desean la libertad, y la expresión política de ésta es cierto grado de democracia representativa.

Incluso en la China actual, existe más actividad democrática de la que se suele pensar. Pekín celebra más elecciones que ningún otro país; son sufragios locales, y no todos son legítimos, puesto que, en muchos casos, el Partido Comunista escoge a todos los candidatos. Pero cada vez hay más candidatos independientes y las investigaciones demuestran que están haciendo que haya menos corrupción y un poco más de soberanía popular en las instancias locales.

Además, el presidente y el primer ministro chinos han hecho recientes declaraciones en favor de la democracia. En septiembre de 2010, el presidente Hu Jintao pronunció en Hong Kong un discurso en el que hizo un llamamiento a plantear nuevas ideas sobre la democracia en su país. Dijo: “Es necesario... celebrar elecciones democráticas con arreglo a la ley; tener una toma de decisiones, una gestión y una supervisión democráticas; proteger el derecho del pueblo a saber, a participar, a expresarse y a supervisar”. Sus palabras desarrollaban unos comentarios similares a las del primer ministro chino Wen Jiabao, pronunciados el mes anterior en Shenzhen, el puerto franco que encabeza la revolución económica del gigante asiático. Asimismo, el país está haciendo experimentos de ejercer lo que se denomina democracia deliberativa y practicando la democracia interna en el Partido. El venerado líder chino Deng Xiaoping dijo en una ocasión que China tendría elecciones nacionales 50 años después, es decir, en 2037, y es posible que el calendario vaya por delante de lo previsto. Pero lo más probable es que la democracia china no sea una copia exacta de la versión occidental, sino un híbrido particular; por ejemplo, algunos especialistas influyentes han propuesto una combinación de elementos de la democracia representativa con una meritocracia de estilo confuciano.

Europa seguirá avanzando por su propia vía de convergencia y armonización interna, aunque en estos momentos no se sabe bien hasta dónde. El reto para los europeos, igual que para Estados Unidos, Japón, Canadá, Australia y otras naciones desarrolladas, es cómo mantener su nivel de vida sin ahogarse en deuda pública y privada. Los países más ricos están tratando de averiguar cómo fomentar un nuevo modelo de desarrollo que no necesite tanto unas burbujas de activos que estallan, un consumismo descontrolado y una deuda pública y privada excesiva como estímulos para la macroeconomía (y, en el caso de EE UU, cómo dejar de depender de forma tan crucial de un gasto militar descontrolado como programa de empleo y estímulo fiscal para la economía, ya que el gasto militar es un método muy ineficaz de estimular la economía).

Ante estos desafíos económicos, y como reacción al hecho de que los economistas ortodoxos no previeran la caída de 2008, la canciller alemana, Angela Merkel, hizo una declaración en la reunión del G20 del pasado otoño que cambió las reglas del juego. “Es fundamental que regresemos a una vía de crecimiento sostenible”, dijo. Propuso su teoría sobre la crisis económica, que iba más allá de los desequilibrios en las balanzas comerciales y aseguró que una de las principales causas había sido que “no teníamos un crecimiento sostenible. En muchos países, el desarrollo se apoyó en la deuda y las burbujas [especulativas]”.
Lo que estaba diciendo Merkel era que la etapa de la economía de efecto cascada a lo estadounidense se había acabado. El mundo necesita descubrir cómo pueden mantener las economías desarrolladas a sus ciudadanos sin recurrir a tasas de crecimiento muy elevadas, burbujas de activos ni un consumo desatado y cómo tener un avance que sea ecológicamente sostenible (a diferencia del Gobierno de Obama, los dirigentes europeos no han abandonado por completo las actuaciones contra el calentamiento global en medio de esta crisis económica). Los líderes europeos parecen creer que están empezando de cero en este modelo de desarrollo capitalista de Wall Street y ofreciendo un correctivo necesario para que haya un capitalismo renovado, propio del siglo XXI. Ya han avanzado mucho más que la Administración de EE UU en el rediseño de su sistema regulador financiero, con la creación de cuatro organismos nuevos encargados de intervenir, en caso necesario, para evitar otro derrumbe (por otra parte, los bancos europeos siguen siendo inestables y los fondos de inversión libre y los derivados están poco regulados).

El proceso de rediseñar el capitalismo con arreglo al modelo de capitalismo social tardará muchos años, pero tengo un optimismo precavido al respecto y pienso que saldrá bien. Creo que los esfuerzos producirán resultado porque no hay más remedio. ¿Qué alternativas hay? Europa ya ha probado con siglos de guerras enconadas y destructivas, y no consiguió nada. No, la forma de avanzar es, en los países en vías de desarrollo, ampliar la clase media, y en los desarrollados, mantener esa clase media e implementar las prácticas sostenibles desde el punto de vista ecológico y económico. En la sociedad inteligente derivada de todo ello, el proceso de convergencia resultante de la globalización estimulará las mejores prácticas en materia de instituciones y políticas de apalancamiento.

miércoles, 20 de julio de 2011

RETALIACION /////// Asunto: Convocatoria, suspensión de flota

La Romana, Rep. Dom
19 – Julio 2011


Señor presidente del Concejo de Regidores, Alejandro Ferreira
Señores Secretaria del Concejo de Regidores.

Asunto: Convocatoria, suspensión de flota.

Estimado presidente, por este medio tengo a bien notificarle que a partir de la fecha de hoy, solo asistiré a las sesiones con la debida convocatoria vía escrita y con los detalles de los puntos a tratar como lo manda la Legislación Municipal.

En ese mismo orden tengo a bien informarle que para comunicarse conmigo tiene que hacerlo a mi numero personal, el 809-759-5543, ya que de manera arbitraria el ayuntamiento me ha suspendido la flota que está asignada a mi persona como funcionario de esta entidad, el numero suspendido es el 829-745-3710.

Le aclaro que este número, 829-745-3710 no es abierto a llamar a todo público, sino solo a las flotas del ayuntamiento.

Desde el Lunes 18 de Junio a la dos de la tarde sin ninguna explicación me fue suspendido el servicio de flotas de este ayuntamiento, algo que veo como una retaliación a mis posiciones, el “tonto” reporte que hicieron a verizón fue que se había perdido, cuando el equipo telefónico asignado a mi persona jamás se me ha extraviado, por consiguiente le informo que toda información puede hacerla mi celular personal (809-759-5543)

Sin más

Jesús Antonio Medina Rivera
Regidor

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Al margen:


Mi flota No es abierta, pero si hay Regidores que tiene su flota abierta para todo público, reitero mi flota es cerrada, y creo que la flota de los regidores del PLD ninguna está abierta. Solo para aclaración.

Los ciudadanos me pueden llamar a mi celular personal, 809-759-5543, tengo 11 años con el mismo número.
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domingo, 17 de julio de 2011

PARTIDO COMUNISTA CHINO SE ENFRENTA AL SIGLO XXI









Daniel Méndez


En su 90 aniversario, las incertidumbres se ciernen sobre el Partido Comunista Chino. Si quiere sobrevivir a la era de la globalización y las redes sociales tendrá una vez más que transformarse.


EN IMÁGENES: UN REPASO A LOS 90 AÑOS DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO

Las calles de Pekín llevan semanas adornadas con el número 90, que son los años que este mes cumple el Partido Comunista de China (PCCh), la institución política más poderosa del planeta. Con más de 80 millones de miembros (la misma población que tiene Alemania), el PCCh controla las empresas más poderosas de la segunda economía del mundo y lidera el país más poblado del globo. En sus manos ya no está sólo el destino de la nación china, sino de todo el planeta.

Sin embargo, a pesar de los logros económicos de las últimas décadas, el Partido Comunista de China está rodeado de incertidumbres. Si bien desde fuera el país podría considerarse una superpotencia capaz de sortear todas las crisis (la última de ellas la de 2008), desde dentro el Gobierno es cada vez más consciente de los nuevos retos a los que se enfrenta en el siglo XXI. La vitalidad de Internet, el surgimiento de nuevos poderes económicos, la falta de una ideología capaz de seducir a los ciudadanos, el estancamiento del actual modelo de desarrollo y la próxima sucesión en el poder en 2012-2013 han creado una gran inseguridad en el seno del Partido.

Para empezar, la fuente de su actual legitimidad, que reside en la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos, se ha puesto en duda en los últimos meses. Aunque el Producto Interior Bruto no ha dejado de crecer de forma espectacular, la inflación, el disparatado precio de la vivienda y las diferencias entre ricos y pobres están generando un descontento entre la población que en los últimos meses ha explotado en varias regiones. Si el PCCh no consigue frenar la corrupción en sus filas y reducir las desigualdades, el sentimiento de frustración seguirá creciendo entre la mayoría de ciudadanos que no puede alcanzar el sueño chino que ve por televisión.

Por encima de estas consideraciones económicas, muchos en China piensan que las instituciones gubernamentales se han quedado obsoletas en el mundo moderno. Internet y la globalización han cambiado el planeta y al gigante asiático, y al igual que ha pasado en muchos países árabes o incluso europeos, existe cada vez una mayor brecha entre gobierno y ciudadanos. El propio presidente chino, Hu Jintao, hizo énfasis en su discurso conmemorativo del nonagésimo aniversario en que las raíces de muchos de los errores del Partido habían estado en su falta de conexión con la realidad. El actual inmovilismo del PCCh no encaja demasiado bien con el dinamismo de la sociedad china.

Para llenar el actual vacío ideológico, otro grupo de políticos ha defendido en los últimos años una especie de vuelta sentimental al maoísmo

Aunque no se habla abiertamente de una democratización (actualmente fuera de la agenda política), diferentes intelectuales, periodistas e incluso políticos de primer orden (entre ellos el primer ministro Wen Jiabao), han defendido en los últimos años una mayor apertura del régimen. Uno de los académicos que con más ahínco pide reformas es Yu Jianrong, un investigador de la Academia de Ciencias Sociales que no deja de defender un mayor control sobre el gobierno y el respeto a la ley para acabar con la corrupción y defender a los más desfavorecidos, especialmente a los campesinos.

Muchos expertos también piensan que son necesarios cambios estructurales para que el país pueda seguir avanzando económicamente. El gran reto de China es abandonar el actual modelo de crecimiento basado en las exportaciones y la mano de obra barata para conseguir una economía con mayor valor añadido y empresas competitivas a escala global. O, como se suele decir, pasar del made in China al invented in China. Hu Shuli, una de las periodistas económicas más famosas del país, no deja de repetir en su nuevo grupo mediático, Caixin, que sin cambios estructurales (políticos, culturales, legales, etc.) el país se puede quedar atrapado en su actual nivel de desarrollo.

Todas estas dudas que se ciercen sobre el PCCh se han intensificado debido a la falta de un sostén ideológico que aglutine a la población. Desde que en 1978 el Partido comenzara a abandonar en la práctica las teorías marxistas, éste se ha quedado desnudo sin un armazón de principios que pueda convencer a la población. La reciente solución ha sido promover un nacionalismo chino que el Partido Comunista pueda liderar, y aunque esto se ha conseguido parcialmente, también se ha convertido en un arma de doble filo que podría volverse contra el PCCh.

Para llenar el actual vacío ideológico, otro grupo de políticos ha defendido en los últimos años una especie de vuelta sentimental al maoísmo. Entre los líderes más destacados de esta tendencia está Bo Xilai, hijo del histórico dirigente Bo Yibo y actual secretario de Chongqing, quien ha organizado campañas multitudinarias para recuperar las canciones y películas rojas de los 50 y 60. A esta tendencia se han sumado también otros hijos de revolucionarios chinos, que forman un influyente grupo dentro del PCCh y podrían buscar una vuelta a los principios marxistas del Partido. Aunque es probable que estos movimientos sólo sean intentos populistas por ascender en el poder, la previsible llegada en 2013 a la presidencia de Xi Jinping, que forma parte de esta misma facción, podría provocar una vuelta a los valores comunistas como solución para llenar el actual vacío moral del Partido.

A sus 90 años, el PCCh se ve una vez más en la obligación de transformarse. En todo este tiempo, el Partido Comunista de China ha pasado de promover la revolución y la igualdad social a defender la estabilidad, el estatus quo y el desarrollo económico. Si en sus orígenes atacó a burgueses y empresarios, en la actualidad éstos son sus principales defensores. Aunque conquistó el poder gracias al apoyo del campo, hoy en día su sostén está en las ciudades más ricas. En los actuales tiempos de confusión y redes sociales, el PCCh tendrá que transformarse una vez más si quiere sobrevivir.

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sábado, 9 de julio de 2011

El Tribunal Constitucional: oportunidad para la nación, Por BRÍGIDO RUÍZ







Escrito por: BRÍGIDO RUÍZ ( brigido.ruiz@claro.net.do)


Se avecina la implementación de una de las instituciones más relevantes de toda la vida democrática de la República Dominicana. Me refiero al Tribunal Constitucional, creado por la Constitución de la República promulgada el 26 de enero del 2010, auspiciada por el presidente Leonel Fernández.

Es una excepcional oportunidad para fortalecer la institucionalidad, abrir esperanzas y dar un mayor grado de confianza a la sociedad dominicana. Es por ello que el Consejo Nacional de la Magistratura debe asumir la responsabilidad histórica de escoger lo más acrisolado en el orden intelectual, moral y social de la nómina de juristas, Magistrados y miembros del Ministerio Público de nuestra nación.

El Consejo Nacional de la Magistratura que por mandato de la nueva Constitución, además de elegir los miembros de la Jurisdicción Constitucional, designa los Jueces de la Suprema Corte de Justicia y del Tribunal Superior Electoral y sus suplentes, lo preside el Presidente de la República y está constituido además por el presidente del Senado y un senador(a) de la segunda mayoría partidaria, el presidente de la Cámara de Diputados y un diputado(a) de la segunda mayoría de ese hemiciclo; el presidente de la Suprema Corte de Justicia y un magistrado(a) de esa Corte y el Procurador General de la República. (Art. 178-179 de nuestra Constitución).

Nos atrevemos a afirmar que con los abogados constitucionalistas que tenemos, de la altura del Dr. César Pina Toribio, Milton Ray Guevara, Mariano Germán Mejía, Enmanuel Esquea Guerrero, Juan Manuel Pellerano Gómez, Eduardo Jorge Prats, Olivo Rodríguez Huerta, Flavio Darío Espinal, José Antonio Columna, Francisco (Pancho) Álvarez, Vinicio Castillo Semán, Servio Tulio Castaños Guzmán, Hermógenes Acosta, Cristóbal Rodríguez, entre otros, Magistrados Jueces y miembros del Ministerio Público especialistas en Derecho Constitucional, no hay dudas de que de ahí puede escogerse esa Suprema Jurisdicción, que consolidaría la institucionalidad dominicana.

Lo de Suprema Jurisdicción lo decimos basado en las amplias facultades constitucionales de que dispone de: garantizar la Supremacía de la Constitución, la defensa del orden Constitucional y la protección de los derechos fundamentales (Art. 184).

Los miembros del Consejo Nacional de la Magistratura deben sobre todo tener especial cuidado en elegir la persona que presidirá ese tribunal, ese organismo tan determinante para que reine la confianza en la aplicación de nuestra Constitución.

Debe ser una persona mesurada, de liderazgo, de prudencia, con firmeza, de moral y luces intelectuales fuera de lo común. Cada uno de los ya mencionados, tienen las condiciones para presidir este tribunal, pero sólo puede escogerse uno, siendo el Dr. César Pina Toribio una magnífica opción, pues además de las cualidades señaladas, cuenta con una larga experiencia política y de Estado. Ha sido protagonista de primer orden en las más recientes reformas de la Constitución y diversas leyes y Códigos del país; participando activamente en la toma de decisiones en graves y cruciales momentos de la República en las últimas décadas.

La prensa y sociedad civil se han encargado de esclarecer el aspecto de que no es ningún óbice para ascender al Tribunal Constitucional ser miembro de un partido político, lo que se requiere es no continuar sirviendo a intereses partidarios a partir de la elección.

Con la escogencia del Tribunal Constitucional hay que dar señales claras a toda la sociedad de que se quiere una nación donde impere el respeto irrestricto a las normativas legales y derechos fundamentales.

Avancemos pues, Señor Presidente y demás miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, en la delicada tarea de poner a disposición de la República un órgano que pueda garantizar que cada ciudadano tenga la confianza de que aquí se puede, como decía Ulpiano “vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo que es suyo”.

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